Vanessa Montañés: La mujer que llegó tarde a sí misma

Dicen que el viaje en el tiempo provoca mareos, vómitos o lagunas de memoria. A mí me provocó una certeza: ya había estado allí antes.

La habitación era exactamente como la recordaba, aunque nunca había vivido en ella. La lámpara con tulipa amarillenta. El armario de madera oscura. El reloj de pared detenido a las tres y doce. Todo parecía aguardarme desde hacía décadas, como si el tiempo no fuera una línea, sino una sala de espera.

Había viajado veintisiete años atrás para observar, no para intervenir. Esa era la norma. Pero las normas, como el tiempo, solo existen para quien cree en ellas.

La vi sentada en la cama, con las rodillas recogidas contra el pecho. Tenía el mismo lunar en el hombro izquierdo que yo, la misma manera de morderse el labio cuando pensaba. No necesitaba espejos para saber que era yo misma, a los diecinueve años, justo antes de cometer el error que definiría el resto de mi vida.

Quise hablarle. Advertirle. Decirle que no confiara, que no esperara, que no creyera que el amor podía salvarla del mundo. Pero el protocolo era claro: observar sin alterar. El tiempo se defiende solo.

Ella levantó la cabeza, como si me sintiera. Durante un instante —solo uno— nuestros ojos se cruzaron. Sentí un temblor antiguo recorrerme el cuerpo, una vibración idéntica a la que precede a los terremotos.

—Llegas tarde —me dijo.

No con la boca. Con el pensamiento.

Comprendí entonces que no era la primera vez que regresaba. Que aquel viaje ya había sucedido. Que cada versión de mí volvía para intentar salvar a la anterior, y que todas fracasábamos con la misma elegancia trágica.

El reloj seguía detenido. Tres y doce. La hora exacta en la que tomé la decisión equivocada.

El tiempo no es un río, pensé. Es una herida que se abre una y otra vez en el mismo lugar.

Cuando el dispositivo comenzó a vibrar anunciando el regreso, supe que nada cambiaría. Me iría como todas las otras veces, dejando atrás a una mujer joven que todavía creía que podía elegir.

Antes de desaparecer, dejé algo sobre la mesa: una frase escrita a mano.

No es culpa tuya. Sobrevivir también es una forma de viajar en el tiempo.

No sé si la leyó. No sé si alguna versión de mí consiguió hacerlo mejor.

Solo sé que sigo llegando tarde a mí misma.

Vanessa Montañés es escritora y educadora social nacida en València. Su obra transita entre la poesía, el ensayo y la narrativa híbrida, explorando memoria, cuerpo, amor, pérdida y territorio desde una mirada íntima y crítica. Participa activamente en proyectos culturales, residencias artísticas y convocatorias internacionales, donde concibe la escritura como práctica de investigación, cuidado y transformación social.

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