Celestial desencuentro de una imagen sin reflejo.
Santificado recuerdo de un porvenir de epifanías oscurecidas.
Lágrimas que brotan de cuerpos de mármol y cuerpos de carne cuya dulzura es piedra,
martirios que aguardan goces incompletos, sacrificios de saliva y texturas.
Sacramento de los devoradores,
profecías desatadas de pecados que se escriben en tu nombre.
Tu cuerpo descompuesto encarcela las grandes bellezas de la gloria escrita,
profanas tu cuerpo, ese cuerpo que te negaron atravesar con tus cálidos dedos.
Ofrendas tu éxtasis, en nombre de tu piel, de lenguas muertas que residen en la desnudez.
Osaste devorar con tus labios la tintura de las pasiones,
sacrosanta de los delirios en cuatro paredes que resguardaron tus anhelos más salvajes.
Comenzaste el ritual más antiguo, ensordeces con tiernos cánticos el génesis universal.
De tus gemidos fue otorgado el don,
de tu placer, lo divino atraviesa tu cuerpo en una experiencia íntima con la imagen de tu espejo.
Es tu entrada a lo sagrado.
Arrebata en el clímax, tu voz y tu cuerpo ahora están al servicio de tu magnificencia.
En esa cama, fuiste bendita.
Ese cristo en la pared no fue más que espectador.
Coronaste santo el encuentro contra tu propia piel, de despojados anhelos te nombró.
Abatida, gozada, jadeante y de venerada belleza transfigurada en líquido.
Proclamaste la vida y la muerte.
Estabas tú en todo, omnipresente entre los dedos, las sábanas y los labios.
Ahí mismo comenzó el mundo
Y no como lo dicen los hombres.

Psicóloga por la UAM Xochimilco, me he interesado en los proceso sociales y culturales como la literatura, la poesía y la música. Escritora de poesía en espacios independientes, así como creadora de contenido visual rescatando la obra de diversas mujeres a lo largo de la historia. Actualmente realizo estudios sobre música y filosofía, generando una línea de investigación que entrecruce diversas ciencias sociales.

