Medusa y Perseo fantasean con estar juntos
quieren estar muertos, uno encima de otro.
Perseo aprendió a hablar el lenguaje de las serpientes
y se enredó en la baba del deseo.
Sin la intención de herirse, se tocan
y la lengua de Dios lame sus cuerpos desnudos.
Están hipnotizados por la atracción mutua.
Esa que sólo pueden sentir los dioses rotos.
La devoción delirante los somete:
son víctimas de la envidia de los dioses.
Medusa y Perseo se vuelven uno.
Abrazan el estruendo del otro.
Y se crea el fuego con el roce de sus huesos.
Y por primera vez el placer parece inofensivo.
Diablillos que se ocultan
y pegan sus lenguas bífidas
y petrificados alaban a la muerte.
En una era antigua se amaron de día y de noche.
Quienes escucharon la música de sus cuerpos quedaron sordos.
La pasión de ambos aún cabalga con locura dentro del bosque.
Ambos continúan naufragando en el río de las palabras.
Ambos ensayan un monólogo que no será escuchado por nadie

Soy poeta. Estudié Lengua y Literatura en Tijuana. Me he desempeñado como periodista, docente y UX Writer. Entre mis intereses personales destacan: la justicia social, los derechos humanos y la diversidad sexual.

