Me gusta un café tranquilo;
el café de las tardes de lluvia
recién tostado en el comal de mi abuela
después de que el sol, el agua y el mortero
hicieron su trabajo.
Así, mientras el crujir de la leña de encino seduce al comal
y el petricor inunda los poros del patio,
la maquinita de acero sucumbe a la pasión ardorosa que su bronceado suscita
y besa cada grano, lo aprieta contra sí y lo suelta
transformado.
La lluvia arrecia y la lumbre ha puesto el agua a punto
tan encendida de pasión que lanza besos, borbotones de besos
que solo se apagan cuando se funden con el café
molido en el preámbulo que lo preparó
para su encuentro con el agua que lo recibe
caliente
y juntos, después de un momento apasionado
escurren sus esencias
hechas una
delicia.

Editora, redactora, educadora popular feminista, nací rebelde y moriré insumisa. Mi trabajo creativo se ha publicado en Salidas del tintero, Especulativas, Poéticas corporales: entre la carne y el mundo, Poesía de los sures: despatriarcalizando la poesía y Ovejas negras, etc.

