Tanlla Villarreal: La mujer amarilla

Su afición era pintar nubes con cristales de yoduro de plata: apenas una decena de cápsulas explosivas le bastaban para culminar sus obras pictóricas-espaciales. Las nubes creadas se esparcían, a ratos ellas mismas jugaban a acumularse melancólicas con el fin de desahogar la energía de su creadora. El agua contenida en las cumulunimbus llegaba a ser violenta y eso atemorizaba a la pintora. Un día tuvo que tomar una decisión: encapsular una llamarada del sol-terrestre 1 para liberarla en caso de una tormenta catastrófica o mantenerse en la soberanía alimentaria que había conquistado a esa altura. La mujer volaba con su cohete a propulsión, y, tocando ligeramente la ionosfera, extrajo un instante de fulguración solar, pero este acto luminoso le pigmentó la piel de color amarillo como el de las abejas mieleras, ocasionándole además una desafortunada ceguera. Desde entonces la mujer amarilla fue reconocida en la tierra-1 por sembrar nubes de lluvia que valieran para la cosecha y no para el ocio. La diversión de la niña que solo pintaba con sus bombas plateadas permaneció oculta en alguna laguna de la memoria.

 

Estudié Diseño Industrial como licenciatura y un diplomado en Escritura Creativa. En mis ratos libres escribo, imagino que escribo o solo imagino cosas.

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