Cuenta una leyenda que lady Godiva esposa de Leofric conde de Chester amaba tanto a su pueblo que, al verlo sufrir por la pobreza, suplicó a su marido que disminuyera los impuestos; enojado por el atrevimiento de su mujer, atendió la súplica bajo la condición de que Godiva atravesara la ciudad cabalgando desnuda sobre un corcel. La mujer aceptó, no sin antes pedir a los habitantes del lugar que se encerraran en sus casas para no mirarla pasar; como gesto de agradecimiento su pueblo accedió, de modo que se despojó de sus vestiduras y completamente desnuda lady Godiva soltó su cabellera, montó el corcel y salió en dirección de la ciudad para atravesarla como fue convenido. Todos los habitantes permanecieron encerrados, menos uno que se escondió para espiarla, al hacerlo perdió la vista. De esta manera se dio vida a la leyenda de la heroína inglesa.
Siglos después, Salvador Dalí, creador plástico del surrealismo español se inspira en esta historia y hace una escultura muy a su estilo para sorpresa del mundo.
Y es así como la leyenda de la mujer medieval que cruza el condado de Chester reaparece en el siglo XXI en las voces de los surrealistas, y como en el último suspiro de Buñuel, la leyenda de lady Godiva se resiste a desaparecer en el tiempo de las condenadas.
La dócil mujer de Leofric conde de Chester casi olvidada en el inframundo misógino y mojigato de las falsas heroínas, fue condenada a cabalgar desnuda por todos los territorios, incluyendo las tierras enemigas como un acto humillante, disfrazado de valentía y nobleza en favor de la gente que amaba. Hasta que un buen día despertó de la barbarie patriarcal y tomó las riendas del viejo caballo, ahora suyo, convertido en arma reivindicativa de sus derechos para desafiar las murallas anquilosadas de los géneros.
La imagen onírica de lady Godiva emerge después de 600 años, a la luz de las nuevas generaciones de mujeres, colmada de mariposas calavera para sepultar el mito y reencarnar nueva y emancipada en las voces femeninas del surrealismo contemporáneo. No porque el fantasma de la heroína inglesa lo deseara, sino porque la esencia de la mujer que fue explotó irreverente e inevitablemente a través de los subconscientes generacionales que la evocan para atravesar las ciudades, ahora globales de la ignominia sin ningún recato ante el “status quo”: desnuda de tabúes y de cuanta homofobia la pudiese detener. Godiva reaparece como mariposa surrealista en las manos irónicamente de Dalí.
Quiero pensar que la protagonista de la leyenda se refugió en los sueños del mundo y siglos después —en buena hora—, André Bretón hizo el milagro en complicidad con Dalí. Si el maestro francés soñó con hormigas en sus manos y a partir de esa imagen logró consumar con Buñuel una maravilla de la creación, en la soledad. El genio patriarcal de Figueres gesta entre sus manos libres de insectos, el sueño reivindicativo de Godiva con las riendas del porvenir en manos femeninas.
Ni en los pasos perdidos, ni en el amor loco, Bretón, el gurú del surrealismo soñó que una mujer de carne y hueso atravesara la leyenda, cabalgando desde el oscurantismo feudal para resurgir sobre una realidad nueva, desconocida, ajena a los principios medievales y más aún, que esta mujer fuera redimida por el más brillante de sus vástagos.
La rebeldía y la dureza del perro andaluz de Buñuel se quedan cortas ante la hermosa desnudez de lady Godiva. Ninguna luna atravesada por una navaja a media noche resulta tan impactante como el despertar de la ex mujer del conde de Chester que vuelve a cabalgar retando de frente a todas las cortes reales del planeta, reclamando el derecho a ser ella y nada más. Ninguna navaja seccionando un ojo humano es tan desafiante como la desnudez de lady Godiva en el mundo real por perverso que éste sea. Dalí la soñó, emergió de sus manos, real y más hermosa que Gala.
Como en la creación, en el principio fue de cera sobre un núcleo de arcilla, después el genio surrealista modeló venas y arterias con estructura en hierro: resurgió poderosa y eterna, la heredó al mundo en un gesto generoso de misericordia y burla. Ahora, Godiva cabalga nuevamente y a su paso nos desnuda a todos. Nadie se puede cubrir los ojos como los aldeanos de Chester, imposible evitar la irreverencia, duele arrancarse las máscaras mientras recorre las ciudades del siglo XXI, a su paso pone al descubierto la doble moral del mundo. Nadie se ha quedado ciego, es más, muchos recobramos la vista al mirarla.

Martha González Díaz. Soy originaria del municipio de San Antonio la Isla Estado de México, soy maestra normalista egresada del internado de la Centenaria y Benemérita Escuela Normal para Profesores de Toluca. He publicado mi obra en diversas antologías poéticas y de narrativa. Fui miembro del taller de poesía Joel Piedra a cargo del escritor Guillermo Fernández en la ciudad de Toluca, entre otros.

