
«Es difícil resistir el llamado del horizonte. Caminar, avanzar, seguir siempre más allá, doblar los recodos, vencer las colinas, buscar la salida del bosque de pinos o eucaliptus. Y tener, en todo momento, el fondo cambiante del mar en la secuencia de paisajes.»
Esta cita condensa la sensación que produce leer estos relatos; la impresión que deja la obra de esta mujer. Por eso la he colocado como punto de partida.
Ficciones de la Quinta Era Glacial y otros relatos insólitos
Esta es una antología que reúne los cuentos de la escritora chilena Ilda Cádiz Ávila (1911-2000), injustamente dejada de lado como escritora de género, pero no olvidada.
Antaño vicepresidenta del Club Chileno de Ciencia Ficción y asidua lectora de Asimov y Bradbury, querida tía y autora de novelas y cuentos, Cádiz fue una mujer profesionista que no publicó su primera obra con su propio nombre hasta que cumplió los sesenta, aunque esto no le resta validez a su vocación.
En este volumen la autora crea historias de ciencia ficción y especulación latinoamericana, fabricando relatos insólitos, perturbadores con ocasionales tintes policiacos y una introspección elocuente, perenne.
Este libro, publicado en conjunto por Imbunche Ediciones y Cathartes Ediciones en el 2021, reúne 23 cuentos de Cádiz, principalmente aquellos de sus libros La tierra dormida (1969) y La casa junto al mar y otros cuentos (1984).
23 relatos: un breve panorama
En «Ficciones de la Quinta Era Glacial», vemos a Santiago bajo nieve, los esfuerzos de preservación con miras a las futuras generaciones por parte de los previsores y el emparejamiento debido a la supervivencia. Es un cuento icónico, que merece titular el libro mismo, y encabezar este listado resumido.
Luego, en «La casa junto al mar», el misterio de este caserón y aquellos que lo han abandonado —pero sobre todo la criatura que allí vuelve, tras volver de su gruta marítima secreta—, lleva la tensión hasta un límite insospechado, comunicado a través de cartas.
En «Desde el fondo del olvido», un hombre despierta, insomne, de un accidente en carretera, y presiente que hasta las enfermeras le guardan secretos sobre su primo desaparecido.
En «Aquí Condor CC-X10», una nave chilena dirigida telepáticamente está a punto de quedar a la deriva, mientras que en «La imagen» un astrónomo aficionado descubre un planeta idéntico a la Tierra desde su telescopio.
«Erwin» o «¿Quién fue Ema Burton?» van sobre temáticas semejantes: las incógnitas que dejan las épocas pasadas, las amistades perdidas, los desconocidos que difuminó el tiempo. La reconstrucción de vidas y la especulación sobre el tiempo son reflexión constante en la obra de Cádiz.
«Cuenta regresiva» o «El muro de azabache», inciden en la pérdida y el tiempo, en la creación de espectros; mientras que el cuento autobiográfico que cierra el volumen, «Encuentro en el puente», encapsula toda esa nostalgia por el pasado, la pérdida y la distancia que nunca se interpone entre el dolor… pero declara que la esperanza permanece.
No cesa el asombro al leerla. No solo porque goza de la virtud del desafío a las convenciones, característica típica de una visionaria, sino porque Cádiz se las arregló para ver todos los apocalipsis, colapsos temporales y viajes espaciales que acontecían en Estados Unidos o en mundos fantásticos, y optó por ubicar sus fantasías y especulaciones en su país natal: Chile. Sudamérica es el epicentro de la observación y navegación estelar; el eje de todo lo extraordinario que narra la autora.
Ocasionalmente, estos relatos rozan el territorio del terror o el policiaco, pero es en esa hibridación —ese no saber qué te espera a la vuelta de página—, lo que promueve la tensión en los cuentos.
Asimismo, la variedad en temáticas preserva la atención; eso sin mencionar que los relatos van alternándose en función de su “género”, ora uno de estilo costumbrista, ora otro plenamente especulativo, y así sucesivamente.
Visiones de una tierra distante
«Porque la noche que divisaron el objeto desconocido él pudo distinguir el brillo de océanos, manchas oscuras que parecían ser bosques en los continentes y la luminosidad que irradiaba en algunos puntos no podía ser sino el conjunto de luces de sus ciudades.»
Así atisbamos nosotros las nuevas maravillas y miedos que crea Cádiz, sin poder evitar mirarlas, sin ánimos de batallar contra el pasmo que causará su vasta imaginación.
Ya sea re-imaginación de una batalla y amorío fallido de la Edad de Bronce o las envidias de dos científicas que reciben astronautas en una plataforma en el Polo Sur, la autora logra crear mundos verosímiles, incluso en los contextos más lejanos, haciendo gala de una lucidez y una elocuencia que permean los relatos.
En ese sentido, la obra de Cádiz influencia, aunque sea de forma indirecta, las obras de Gabriela Damián Miravete e Iliana Vargas. Es posible que las autoras no la conozcan, pero alguna comunicación onírica debió acontecer entre la tríada de escritoras, porque hallo mucho de la reverencia hacia la naturaleza y sus dimensiones fuera de la comprensión de Cádiz —junto con su abandono al tiempo y ansias de investigar épocas pasadas como es debido, con ternura y disciplina—, en la obra de Miravete.
En cambio, aquel dote para encarnar lo inquietante y concluir los cuentos con la promesa de un mundo colosal que se escurre hacia nuestra dimensión, aquella capacidad de gestar nuevas parálisis que rayan con el terror cósmico y el interés en los mecanismos del espacio y la ciencia, típicos de Cádiz, también están presentes en la obra de Vargas.
Más lectoras habrán de leer dicha tríada antes de darme la razón.
Acudir al llamado del horizonte
Leer a Ilda Cádiz, quien en la década de 1960 ya estaba pensando en ciencia ficción gótica, en transhumanismo, en navegación interestelar propulsada telepáticamente, en la angustia de la duplicidad de entes y de planetas, es un acto de justicia largo tiempo postergado.
Enfrentarnos y entregarnos al misterio de la memoria y la ternura de los espectros que ella retrata también es un acto de justicia, aunque una más ligada a la sororidad.
Pudieron no haberla leído lo suficiente, no haberla incluido en las importantes antologías de género, no haberle dado la reputación que merecía debido a que nació en una ciudad de provincia y no tenía los contactos suficientes para propulsar su obra a nuevos estratos, pero esta no se quedará empolvada por mucho tiempo más.
Ahora es tiempo de leerla y de entregarnos al llamado al horizonte que ella emite, a lo lejos.


Alicia M. Mares (Ciudad de México, 1996) cursó el Máster en Creación Literaria de la UPF, en Barcelona. Durante el 2022, fue parte de la residencia de escritores UTV (Under the Volcano). Ese mismo año publicó su primera novela, Cautivo de Sombras, y su primera colección de cuentos, Cocodrilario. También participó en las antologías Mujeres perversas (Editorial Trajín) y Nuevas emergencias (Candaya).

