Bertha Serrano: La belleza del futuro

Algún lugar, entre el inicio y el fin del mundo a 21 de junio de 2066

Estimada Laura:

Es una lástima que la felicidad y la emoción no entren en un sobre y mucho menos queden impregnadas en la tinta y el papel, pero eso es lo de menos, lo que importa son las buenas nuevas que tengo para compartir. ¿Recuerdas esa máquina del tiempo en la que tanto trabajé? Pues… ¡Funcionó! Ahora me encuentro en el mundo unos treinta años después y todo es tan distinto. Te preguntarás: ¿cómo es posible que Martina me escriba desde el futuro? Verás, cada población creó sus propias máquinas del tiempo que les permiten viajar al pasado y al futuro; viajan al pasado para estudiar la historia; leen los hechos en los libros y hacen viajes al pasado para corroborar si el historiador está contando bien la historia o si existe algún sesgo o manipulación en lo escrito. ¿No es increíble? Tal vez te moleste que sólo mande una carta, en vez de visitar, pero si vieras, escucharas y experimentaras lo mismo que yo, no tendrías ganas de volver al pasado, ni por una breve visita.

Cuando entré a la máquina e introduje el año 2046, no supe a qué lugar, con exactitud, quería viajar, así que la máquina eligió por mí. Terminé en un lugar en el que hombres y mujeres se veían como iguales: sembraban respeto y cariño; la idea de superioridad, de que unas personas valían más que otras, que unos humanos eran superiores a la naturaleza, no existía en ese lugar, tanto así que hombres y mujeres cuidaban de todos los seres y la vegetación que les rodeaba. Recorrieron el mundo, salieron de su hogar para descubrir el panorama gris, desolador y sangriento que por poco acaba con la humanidad. Empezaron a compartir sus ideas y sus tradiciones, sus creencias de un mundo sin jerarquías, sin hombres cuya amistad íntima con la muerte y el poder los llevara a destrozar hasta a su propia sombra. Compartieron su inmenso amor por la vida, sus creencias sobre el derecho a existir. Inspiraron a muchísimas personas que se unieron a su movimiento. Pelearon, peleamos, por veinte largos años. La batalla más dura fue cambiar la consciencia y la visión de las personas; se aferraban por ser la única realidad conocida. Para nuestra poca fortuna, aquellos que no se adaptaron decidieron acabar con sus propias vidas.

Se borraron fronteras, pero los territorios que pertenecían a los indígenas se respetaron; vivieron en libertad, con sus propias leyes y tradiciones. De hecho, de ellos estamos aprendiendo un montón sobre formas distintas de pensar y vivir, son grandes maestros. Vivimos en armonía. Desde estas nuevas tierras y con estas nuevas reglas, te escribo para decirte que el futuro se pone mejor.

Un abrazo,

Martina

Nací en la Ciudad de México, una noche de 1993. Estudié Letras Inglesas en la UNAM. Amo leer cuentos y novelas; también me encanta cocinar. Confieso que, a veces, las mejores ideas para mis cuentos surgen mientras lavo los trastes. Publiqué cuentos en varios blogs en internet y revistas literarias.

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