Vino la muerte a buscarme,
pensando que estaba sola.
Y lo que ella no sabía
es que estaba en compañía
de la comunidad especulativa,
escribiendo sobre nosotras.
Anduvo toda la noche,
hasta que dio con nuestra reunión.
Quiso llevarnos a todas, pero le pedimos silencio;
que levantara la mano, dijimos, si quería dar su opinión.
En ese momento se hablaba del derecho a tomar la palabra,
de la lluvia y del futuro, también de la ciencia ficción.
Ella se sentó muy seria
(cruzados los huesos de manos y piernas),
frunciendo en instantes las cuencas
(oscuras, vacías e inmensas).
Ahí, escuchó a las mujeres, reunidas y hablando entre ellas;
rompiendo el silencio de siglos, abriendo caminos y brechas.
Por fin le tocó su turno
y dijo con voz de caverna:
“perdón por interrumpirlas,
no sabía su encomienda.
Yo me voy y ustedes sigan,
me dio gusto conocerlas”.
Alejandra Tello. Escribo, pinto y a veces bailo.

