Transmutación: Anilú Zavala Alonso

¿Alguna vez viste la lluvia
en un día soleado?

Decían que había llovido cien años en un pueblo imaginario. Alcé la vista al éter y le pedí lluvia al cielo.

En la ciudad que habito, llueve frío. Dicen que la lluvia no es por cuota, más bien es cuando le da su regalada gana.

Con la memoria recorro las calles. Los verdes y lisos sombrilla de pobre me resguardan por horas del agua pertinaz.

Escucho las gotas pegar en el ventanal, que cuando no deja pasar la luz, permite el sonido de la lluvia a compás. Mis lágrimas secas se confunden con ella.

Me veo de lejos llena de ramas, cubierta de hojas. Mi tronco, un nudo.

Por la ventana, a lo lejos, los otros árboles se agitan mientras yo permanezco inmóvil, completamente tiesa.

En medio de esta desazón mis ramas están rígidas pero mis extremidades hormiguean. 

Resuenan las aguas molestas que en sus gotas encierran recuerdos de helados de vainilla y callejones en un pueblo ajeno que alguna vez visité. 

El granizo golpea los vidrios. Se va la luz. Escucho todas las lluvias de mi vida juntas, me ahogan, siento sus estragos. La lluvia torrencial de algún mal tiempo me arranca la vida.

La lluvia se anuncia tímida y tupida en el domo provocando la distorsión sobre el tragaluz, trazando curvas que se escurren momentáneas. Hacen un ruido caótico, sin ritmo ni pauta.

Siento la necesidad intensa de que esta lluvia disuelva mis malos sentires. Lavarlos.

Y a pesar de todo, permanezco tronco…

¿A qué hueles Lluvia? Hueles a fresco, tienes olor a agua.

Eres tan dulce que me arrullas o tan fuerte que me sobrecoges.

¿Cómo describir tu carácter sobrenatural? ¿Y tu carácter natural?

La caída de gotas separadas por centímetros de caos o por instantes de silencio, eso eres.

Mis hojas brillan, resbalando gotas.

Me arropas con sumo cuidado, agua florida del verano.

Lluvia de colores.

Lluvia sanadora.

La lluvia curandera que ofrece su pócima de vida.

La lluvia que nunca cayó.

La lluvia que se llevó el amor.

La lluvia hechicera.

La lluvia contra el sol, la lluvia tornasol.

La lluvia se torna tibia y me reconforta. Es sin duda un renacer.

Mientras bailo bajo la lluvia, florezco.

No sé tocar la lluvia más que con palabras.

Ella me habla, me susurra con su ritmo de cadencia, cada golpecito en el cristal me alecciona doctamente. Me aborda con su sabiduría eterna, la de los ciclos, la de los nimbus. La que se transforma y guarda el equilibrio de la vida.

Con sus consejos me transforma y me invita a salir, a tener paz.

Y de pronto me siento llena de venas y abandono las ramas, me vuelvo cuerpo y me despojo árbol.

Me nacen extremidades, me germinan apéndices.

Me salen brazos. Me brotan dedos. Me cubro piel.

Lluvia me habla, me susurra, me engatusa, me salva. Me da su fuerza. Me da su anhelo.

Me escondo en el lugar de mi niñez, debajo de un chipichipi tibio que me adormece abandonándome en la infancia eterna.

Soy mujer derivante, amante de letras y buscadora de narrativas. Hija y nieta de Luisa. Mamá de Matías. Gestora cultural. Fundadora de Somos Disruptivas en el que imparto diversos talleres. Mis textos han sido publicados en diversas antologías y plataformas digitales. Conductora en Violeta Radio 106.1 FM CDMX. Habitante asombrada de la ciudad. Incómoda e incomodante. Estudiante perenne.

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