Wiktoria Drabik: Las gotas que me salvan

En el pasado, el agua era muy importante e imprescindible para sobrevivir. Tal como apuntaba mi profesor de historia, esta sustancia era tan significativa que incluso existía la expresión «agua de vida». Es sabido que nuestros antepasados utilizaban el agua en muchas ocasiones, desde beberla hasta utilizarla para preparar alimentos. Además, a veces ocurría un fenómeno fascinante. El agua caía de las nubes. Los antepasados lo nombraron «lluvia». Cuando llovía, usaban objetos o ropa antilluvia para protegerse de las gotas de agua. Pero no entiendo por qué lo hacían. Si las moléculas caídas del cielo no les hacían daño, ¿por qué se protegían?

Para mí, es difícil imaginarlo. Ni yo, ni mis padres y abuelos recordamos la vida con agua. Tal como dicen los expertos, por mucha contaminación de la tierra y la reducción de las fuentes de agua potable, hemos aprendido a sobrevivir sin agua. Desde entonces «bebimos» cápsulas ovales o goteos  de la vodaclara, la sustancia parecida al agua y preparada por los científicos. Además, nuestro cuerpo ya no necesita tantos fluidos para ser capaz de funcionar. Dado que el agua hoy en día es tóxica, está prohibido entrar a los charcos que, entre paréntesis, antes eran ríos o mares. Ya se puede deducir que salir de la casa durante la lluvia tampoco es posible. Afortunadamente, con el paso del tiempo llueve menos y yo solamente recuerdo tres días lluviosos en mi vida: cada vez estaba en casa y observaba cómo se formaban los garabatos de agua en la ventana. Me gustaba adivinar las formas que aparecían en el cristal: una vez las gotas adquirieron forma del perro, otra vez de una mujer rezada de hinojos, e incluso un día vi la cara de un hombre, pero la imagen desapareció casi inmediatamente. A mis padres les parecía raro pasar el tiempo con la cara pegada a la ventana, y eso no me extraña. En realidad, es muy difícil explicar el porqué de mi comportamiento durante la lluvia. A mucha gente el agua le da miedo, y por eso, durante la lluvia,  a pesar de que ya el tejado de sus casas los protegen, prefieren estar lejos de las ventanas. Pero a mí me parece fascinante observar esas pequeñas moléculas que se escapan del cielo y huyen tantos kilómetros al suelo, solamente para estropearse en la tierra.

Otra cosa que hace que la lluvia sea tan interesante es su misterioso ambiente. Debéis saber que el gobierno se preocupa mucho por nosotros, y por eso ha contratado a unos expertos para que intenten predecir el tiempo. Gracias a ellos, cuando se aproxima una nube de lluvia, los habitantes eran avisados con antelación para que puedan protegerse del peligro. Todo eso porque nadie sabe qué pasa después del contacto con la lluvia. A pesar de ello, mi vida no se diferencia en nada de la de mis ancestros: de lunes a viernes voy a la universidad, salgo con mis amigos y durante los fines de semana descanso y paso el tiempo con mi familia. Me gusta mi rutina diaria. Aunque algunos dicen que soy aburrida, a mí me encanta tener todo bajo el control, y no me interesa llevar una vida muy emocionante. Y ya está. Una de mis actividades favoritas es leer libros en el Parque de la Memoria de Los Perdidos. Allí no hay mucha gente, y por eso puedo descansar en paz, sin que nadie me moleste. A pesar de que un hombre se acercó a mí el otro día y me preguntó dónde estaba el supermercado. No habría sido nada raro si hubiera pasado una o dos veces, pero el hombre estaba en el parque siempre que yo iba, y casi siempre me preguntaba algo: ya fuera la ubicación de un banco, un supermercado, una farmacia o sobre mis aficiones, los libros que leía, mis amigos y universidad.

Al principio lo ignoré, pero al cabo de tiempo se ganó mi confianza, y empecé a mantener  contacto con él. Me sentía relajada con su compañía, dado que era un hombre encantador. Durante nuestras charlas, me dijo  algo sobre sí mismo: vive con sus padres en el centro de la ciudad; trabaja en un restaurante en otra parte de la ciudad; y tiene dos hermanos mayores. Con el tiempo, nos conocimos más, me gustaba estar con él tanto que, después de un mes, ya éramos muy buenos amigos.

Ahora el chico trabaja en otro barrio y ya no nos vemos en el parque, pero hablamos por teléfono todos los días. Hoy, por la tarde, voy a su casa para ver una película y celebrar mi cumpleaños. No me queda mucho tiempo, así que corrí al baño para ducharme y embellecerme. A las seis de la tarde toqué a la puerta de la casa de sus padres. El chico me abrió y entré en el cuarto. La noche es maravillosa y nos reímos mucho. Después de ver la película, tuve sueño y fuimos a la cama. Me dormí enseguida.

A las tres y pico de la noche oí un golpazo, que me despertó. Entresueños veo a mi chico delante de mí. Pero su rostro ha cambiado. Sus ojos no me miran con respeto y calma, sino con rabia y cierta locura. Me da un escalofrío. Intento levantarme, pero él salta sobre la cama como un tigre y me aplasta con su cuerpo. Grito y le tiro del pelo. No entiendo lo que está pasando y me siento como si estuviera interpretando un papel en una película. Todo parece tan lejano: mi cuerpo, esta casa, yo. De repente, el chico me coge en brazos y vamos a la cocina. Él está detrás de mí y dice algo, pero no entiendo ni una palabra. Tengo un zumbido en los oídos, cuando entramos a la cocina. Dejé de gritar y forcejear, y no porque me haya calmado, sino porque el chico me ha atado con una cinta adhesiva. Ahora le miro fijamente y veo que prepara algo para beber en la cocina. ¿Qué está pasando aquí?

De repente oímos un trueno. El hombre corrió a cerrar la ventana y por un momento veo que se deja llevar por el pánico. ¿Será que la lluvia le desbarata los planes? No lo sé, pero el sonido del trueno también me ha sorprendido. Aunque estamos bajo un tejado y la lluvia no nos hará daño, es raro que llueva en esta época del año. El chico mira por la ventana y noto que se ha dado cuenta de algo muy importante. Sale de la cocina y sube por las escaleras. Ahora tengo la oportunidad de salvarme. Haciendo el mínimo ruido, consigo inclinarme hacia atrás en la silla, cojo las llaves de la mesa y las uso para cortar la cinta. Sin pensar dos veces, salgo corriendo por la puerta de la casa y corro hasta que ya me falta el aire. En este momento siento las primeras gotas de lluvia tocando mi piel. Las miro asombrada: son pequeñitas y se derriten en mi cuerpo. No sé qué pasará después del contacto con la lluvia. No hay nadie alrededor de mí. Estoy sola en la avenida. Huelo algo como mezcla de agua, flores y tierra. Cierro los ojos y me caigo al suelo con una sonrisa en la cara.

Me desperté en el parque. Mi pelo y cuerpo estaban mojados, pero no el libro que tenía en la mano. Miré al reloj: eran las siete de la tarde. Cogí rápidamente mis cosas  y me dirigí hacia la casa. Volví la cabeza una vez más para comprobar si no había dejado nada y entonces vi a este hombre sentado en un banco. Sonrió y me saludó con la mano. Aparté rápidamente la mirada y seguí caminando.

Me enamoré del español cuando era niña y así ha permanecido. Este año me licencié en Español: Lengua y Literatura. Durante mis estudios, tuve la oportunidad de ir a Valladolid, donde pude aprender más sobre la cultura y la lengua españolas. Actualmente trabajo como profesora de español para niños y jóvenes.

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